La alimentación es un proceso que nos acompaña a lo largo de la vida, a través del cual obtenemos los nutrientes y la energía que permiten cubrir los requisitos del organismo. Ahora bien, el acto de comer, además de ser un proceso nutritivo, tiene connotaciones importantes de convivencia —proporción de placer, relaciones afectivas, identificación social y religiosa, etc.— que configuran el comportamiento alimentario y que pueden repercutir en el estado de salud de la persona.

Las diferentes formas de comer de cada país están definidas, entre otros factores, por el territorio, por sus tradiciones, la historia y la economía. La comida es, sin duda, un elemento de identificación cultural; por lo tanto, es importante mantener y potenciar los hábitos alimentarios propios del área mediterránea, adaptados a los cambios sociológicos y culturales que se van produciendo.

Una alimentación saludable se define como aquella que es satisfactoria, suficiente, completa, equilibrada, armónica, segura, adaptada al comensal y al entorno, sostenible y asequible.

A pesar de que existen muchas propuestas saludables, una de las más conocidas en nuestro entorno es la dieta mediterránea, que se basa en el consumo mayoritario de alimentos de origen vegetal, frescos y mínimamente procesados, como frutas frescas y verduras de temporada, legumbres, frutos secos, cereales integrales, aceite de oliva virgen extra y, en menor cantidad y frecuencia, los lácteos preferentemente fermentados y el pescado, seguido de las carnes (preferentemente blancas y magras) y los huevos.

El agua es la bebida principal y la más saludable. La dieta mediterránea también se caracteriza por procurar las comidas familiares, la utilización de alimentos locales y estacionales y por potenciar las actividades culinarias y gastronómicas.

Fuente: Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya

El objetivo de este manual es proporcionar consejos y recomendaciones sobre alimentación y actividad física que faciliten el mantenimiento o la mejora de la salud de las personas mayores en el entorno de las instituciones, en el marco del desarrollo de las políticas de envejecimiento activo.

El hecho de incrementar elementos de salud en este colectivo poblacional se ha evidenciado como una política muy favorable para mejorar la expectativa de vida y para minimizar el impacto de las pérdidas funcionales.